sábado, 25 de abril de 2020

Discernimiento

Tomar a Cristo como nuestra ofrenda por las transgresiones con miras al propósito de Dios.

Levítico 11:3 De entre las bestias, toda la que tiene pezuña dividida, es decir, partida en dos uñas, y que rumia, ésta podréis comer.
Levítico 5:2 O si alguien toca cualquier cosa inmunda, sea cadáver de un animal inmundo, de una bestia inmunda o de cualquier ser inmundo que pulula, y no se da cuenta, y él es inmundo, será culpable.

Los animales de pezuña dividida y que rumian (vs. 2-3) representan a las personas que tienen discernimiento en sus actividades y que reciben la palabra de Dios reflexionando mucho sobre ella. Una pezuña dividida significa discernimiento. El caballo tiene cascos enteros, no hendidos. Por tanto, el caballo representa a una persona que no tiene el poder, la fuerza, para discernir las cosas. Tal persona no es capaz de discernir lo que proviene de Dios y lo que proviene de Satanás, lo que es celestial y lo que es terrenal, ni tampoco
lo que es espiritual y lo que es carnal. Debemos discernir no solamente lo que es bueno y lo que es malo, sino también lo que proviene de nuestro espíritu y lo que proviene de nuestra carne, así como también lo que proviene del nuevo hombre y lo que proviene del viejo hombre.
Por ejemplo, hablemos de la diferencia que existe entre ir al teatro y asistir a una reunión de la iglesia. Ir al teatro equivale a hacer algo terrenal, pero asistir a una reunión de la iglesia equivale a hacer algo celestial. Sin embargo, una persona - incluso un cristiano - Que no tenga pezuña dividida verá muy poca diferencia entre ir al teatro y asistir a una reunión de la iglesia. Tal persona carece de discernimiento con respecto a las actividades en que participa. Con respecto a tales actividades, dicha persona no tiene capacidad de discernimiento. Por tanto, debemos tener cuidado al relacionarnos con este tipo de personas, ya que el contacto que tengamos con ellas podría contaminarnos. Debemos tener pezuñas divididas, esto es, debemos tener la capacidad y fuerza para discernir lo que procede de Dios y lo que no procede de Él, así como también lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer.

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